Todavía no se rompen las cadenas

No habrá naturaleza tal que incline la balanza hacia un lado positivo la situación en Venezuela, me cuesta creer que todavía existen personas ingenuas con la firme convicción de que todo cambiará y habrá un ápice de lealtad ante la posibilidad de ser transparentes en el próximo sufragio para la presidencia. Yo creía en el sufragio, pero en este caso no es el momento para esas creencias.

Y aunque tengo la manía de equilibrar la balanza para estar entre el optimismo y el pesimismo, también todo se basa en el realismo. Debemos ser enteramente realistas a la hora de opinar sobre el sufragio que tendrá lugar en este mes, porque ciertamente, es un sufragio trampeado, lleno de tinieblas.

Por otro lado, pienso en lo poco que hacen esas organizaciones que han sido creadas para establecer un “orden” sobre las naciones, pero que al final es un orden que genera un desorden en ciertos estados para asirse en un poder sobre las naciones que han juramentado en cierta forma proteger y velar por su paz.

Sí, esos organismos internacionales que existen porque existen las guerras, existen las revoluciones, porque convenientemente existen para que se produzca una autodependencia en el toma y dame, donde queda relegado a un lado el ser humano que padece enfermedades, hambre, falto de aliento y esperanza. Padecen lo antinatural del asunto, el yugo sobre la educación que somete a grandes masas de poblaciones que temen por quedar sin trabajo, pero luego terminan quedando sin vidas propias.

Todo minuciosamente coordinado y etiquetado, codificado en seriales que proporcionan los resultados estadísticos de productos y servicios, garantizando así el mercado, el comercio y la vaga idea de surtir y sustentar a las personas de escasos recursos.

El adoctrinamiento está siendo voraz sobre las personas que nos dejamos enjaular sobre el sistema de miedo que han creado como base fundamental para establecer el control de lo que debe manifestarse en los pueblos.

Abajo cadenas, abajo cadenas de gobierno, de gobierno cubano, de gobierno ONU, de gobierno OEA; abajo cadenas de cualquier sistema que controla la vida del hombre de bien.

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Nos mantuvimos ausentes

Sobre la superficie de una piel se desliza una gota de lágrima que recorre toda la mejilla, se desprende del rostro angustiado, joven y arrugado de ella. Espera paciente, se agota día a día, su conflicto interno la derrumba como dolor de parto agraciado de una mujer, pero es todo lo contrario, no es dolor, no es agraciado, es un martirio de engaño.

Ahora todas las luces la iluminan, la ven como un peligro para la sociedad, y por su larga oscuridad se encandila, ve siluetas que vienen y van, voces que susurran, hablan, gritan, aturden en el pensamiento, no dejan razonar con criterio. Voces sin ideas, solo confusiones que la hacen llorar más. No se entiende no se comprende y todo se levanta de entre el polvo que deja el abandono de una casa, telarañas estorbando cada paso, no hay trapos para limpiar.

Su estómago vacío, su cuerpo esquelético intentando sostenerse, pretendiendo avanzar buscando migajas de pan ahí va. Su tesoro escondido, robado y ultrajado por la incultura desaparece de su ser. Erario de la Tierra repartido entre los que creen dominarla. Quizás el paso del tiempo le dará conciencia, le dará una razón.

Sus bosques, banquetas, bancos y monedas, su oro, plata, hierro y matiz no existen; todo lo arrasó la revolución del huracán que se anunció sobre categoría 5 en la TV, en la radio, en los diarios y en Internet, pero nadie la resguardó, nadie quiso rescatarla de la verdad.

Cada quien egoísta, cada quien desconectado de Dios, desconectado de ella. No vimos pasado, no sentimos el presente, no consideramos un futuro. Nos mantuvimos ausentes.

Mezquite by Félix Urbina on 500px.com

La civilidad del venezolano

Vengo pensando y meditando buen tiempo acerca de la situación en Venezuela, no he querido saber nada del país por muchas razones, la principal por mi estado anímico y si se quiere de salud, perjudica el estado de salud el pensar y sentir las barbaridades que ocurren, pero como quienes permanecen dentro también agotaron los recursos, pues, mejor dreno un poco lo que he venido pensando.

Este año mataron a más de 100 personas durante protestas que eran pacíficas y que realmente sí estaban dentro del marco legal, si Venezuela como nación se considera un país democrático, es justo y valedero que el pueblo, poder absoluto y mayoritario dentro del sufragio, tenga el derecho a protestar y manifestar que muchas cosas van mal, que toda esa confianza puesta sobre quienes gobiernan se fue por una tubería hacia el lado oscuro de la fuerza y no volvió a la luz nunca jamás.

Tanto gobierno como oposición política, han venido jugando un juego sucio que dejó saldos de sangre en las calles, dejó personas tristes, arruinadas, desesperanzadas, dejó una ruina familiar, social, económica y política. Dejó un desierto en Venezuela donde ya ni hay rastros de lo que es el ser venezolano. No hay político sincero, toda la sinceridad está confiada en la moneda y el billete, que bien sabe responder a la hora de tener poder sobre los demás.

Es fastidioso decir: “lo dije“; pero por mucho tiempo vengo manifestando el peligro del fanatismo en todos los sentidos, el fanatismo desconecta a la persona de la realidad o las múltiples realidades, cada quien con su tributo al descaro de la distracción que los emboba como quien va por la calle caminando con su celular en la mano. Mientras Venezuela siga siendo fanática de béisbol, fútbol, Miss Venezuela o cualquier otro mecanismo de distracción, seguiremos fracasados como país.

No digo que no nos guste un deporte o un programa, digo que existen prioridades de razón, de peso y moral.

Por otro lado, entre tanto debate, “diálogos”, manifestaciones, sufragios, no olvidemos que Smartmatic manifestó que CNE hizo fraude, ahora se vienen otras “elecciones” sabiendo que ya hay fraudes implícitos. Se realizó un plebiscito que ahora no se sabe a ciencia cierta si fue válido o simplemente otra distracción. Nos metemos tanto el pie a nosotros mismos que ya no sabemos si nuestro pie es de nosotros o fue un órgano donado que aún no se ha conectado a nuestro cerebro.

Entre tantas dudas y pensamientos, no sé si soy indicado para manifestar y decir estas cosas, pero luego reflexiono: nací en Venezuela, estudié, viví y trabajé allí, fui un buen ciudadano, respeté a todos por igual: chicos, grandes, ricos, pobres. Y aunque esté fuera de Venezuela, todavía me duele, escucho el audio de César Miguel Rondón entrevistando a Laureano Márquez y Laureano me da aliento de esperanza y valor, porque cada persona que tiene un lazo con Venezuela sí tiene el derecho a manifestar.

Tenemos el derecho a exigir y poner las cosas en su lugar, así sea desde la distancia, pobre de aquel que se beneficie a la distancia y no diga nada de la realidad venezolana, sí me duele ver a Venezuela así, me duele su gente, es lo que realmente me duele, porque como dice Laureano: “Yo apuesto a la civilidad del venezolano… Y no podemos dejar de hacer lo que el mandato moral nos manda hacer.

Los eternos caminos verde del venezolano

Siempre estamos en la posición de la viveza y el pendejismo, y por esa razón nos tachan en otras tierras porque queremos esperar que todo funcione tal como funcionaba en el país, el país está mal porque nosotros quisimos que se pusiera mal, no hubo un Estados Unidos, no hubo una Cuba, solo hubo una gente empecinada en gestionar todo por los caminos verde y metida en los fanatismos personales y particulares, metida en sus mundos que no vieron más allá de las estrellas.

Se quedaron viendo esas estrellas que le encandilaron la vida con una demagogia, una condición vana. Somos la promesa de que cuando resaltamos y logramos una meta grandiosa nos inundamos de humo a nuestro alrededor sin poder divisar que aún seguimos pisando una tierra, aún seguimos siendo los mismos seres que padecemos las mismas lamentaciones y alegrías que cualquier otro ser que no ha podido alcanzar algo.

Nos tachan a todos, nos etiquetan sin discriminación alguna, y siempre que nos comportemos pensando que todavía estamos en nuestra tierra intentando andar por los caminos verde, estaremos fallando en el hecho de hacer quedar mal a quienes de alguna manera sí lo están haciendo bien, están haciendo su labor de manera humilde, honesta y sin saltar las vallas legales que nos condicionan por estar fuera de nuestro hogar.

Between land and sky by Félix Urbina on 500px.com

Dos Santos, respete

Ayer leí un tuit de Reinaldo Dos Santos diciendo que las ratas son las primeras que huyen del barco cuando este se hunde, que todos los que huían de seguro habían votado por Chávez y por Maduro en su debido momento; él hacía referencia a las personas que el día de ayer huían desde San Cristóbal hacia Colombia, con destino a los países: Perú, Ecuador o Chile, dependiendo el caso de cada venezolano.

Lo que quizás ignora Dos Santos, es que el mismo Simón Bolívar tenía una frase que decía: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.

Lo que también sé que ignora Dos Santos, es que yo salí del país y no voté ni por Chávez ni por Maduro e hice mi labor en contra de sus demagogias, desde que vi a Chávez haciendo campaña política por el año 1997, pensaba: si Chávez gana, Venezuela será como un país africano.

Lo que Dos Santos ignora, es que mucha gente con el poder que tiene, el poder de votar, con la misma falta de cultura y educación producto de muchas circunstancias, han creído, han tenido fe en estos personajes, pero no son ratas, son personas desasistidas desde antes de Chávez, desde mucho antes incluso que él naciera. Otros tantos son jóvenes que solo han vivido una época chavista, no han visto más nada, se han criado bajo esa doctrina.

Estimo que Dos Santos quiere colaborar de una manera positiva en todo este conflicto, no dudo que tenga un don de predicciones, pero lo que no tolero es que llame rata a las personas, ni en mis momentos de enojo ninguna persona ha recibido una mala palabra de mi parte. Las palabras ofensivas son tan violentas como la misma respuesta violenta que podemos aplicar en acciones determinadas.

Y como dicen por allí: la violencia genera más violencia.

Ya basta de insultar a la gente, sea como sea, dentro de este conflicto lo que menos necesitamos es más leña al fuego, porque todos tenemos la tensión a ras de piel que cualquier cosa nos enciende de manera violenta, sin pensar el porqué, dónde, cuándo o sin reflexionar, nos hirieron a todos señor Dos Santos, respete.

Bien por los países vecinos que nos están apoyando en lo que pueden apoyar.

Leaves by Félix Urbina on 500px.com

Otra embestida musical

Una de las cosas que no me gusta hacer es etiquetar a las personas, pero muchas personas se ganan sus respectivas etiquetas, tal es el comportamiento de estas, que no queda más que aceptarlas como son y que por alguna razón específica que desconocemos actúan de determinada manera.

Hace poco, Nicolás Maduro, el supuesto presidente de Venezuela, usó como campaña para su Asamblea Nacional Constituyente una canción de género reguetón​​​​, una música de Luis Fonsi, hoy leo acerca de que Fonsi se molestó por el uso de su canción para una campaña que somete al pueblo venezolano, así muchos artistas estuvieron del lado de Luis Fonsi, me pareció bien la reacción de los artistas.

Pero apartando un poco el hecho del uso de la canción y la situación en Venezuela, y apartando también el hecho de la basura en que se ha convertido el gobierno venezolano y la basura en que se ha convertido el reguetón​​​​, como “género musical”, recuerdo algunas cosas.

Hace unos años expuse lo que pensaba acerca de la vertiente artística hacia una embestida musical, arruinando la música en todo lo que es y representa, ya sabía que de un momento a otro quienes representan ese que llaman género musical, tendría relevancia en algo sucio también.

Muchos artistas que decidieron llevar su talento a su expresión más mínima han debido quedarse en su trayectoria musical y no ensuciarse las manos con esta cosa que le llaman música. Aguanten los baldes de agua fría, porque quien se mete en la basura termina sucio.

Cosas by Félix Urbina on 500px.com

Cual chofer de autobús

No quiero dejar de pasar esta oportunidad porque acaba de suceder una analogía en lo próximo que voy a expresar. Y con esto no quiero ofender a nadie, de sentirse identificado con los personajes pues que cambie su manera de ser ante el servicio y la vida. De todo hay en la vida y sé que todos, el universo entero, no son como tal.

Acabo de bajarme de un autobús en donde para comenzar, subiendo, el chofer me agrede cerrando la puerta sin siquiera esperar a que yo subiera, prácticamente me empujó hacia adentro la puerta del bus, me dirigí hacia él y le pago mi pasaje, lógicamente no dije mi acostumbrada: “buenas tardes“, ni: “gracias“, al recibir el cambio. Él cometió una grosería al cerrar la puerta y golpearme, no reclamé.

No había comenzado avanzar hacia adentro a través del pasillo cuando arrancó de golpe acelerando “full chola” cambiando velocidades y sin recorrer unos 20 metros frena de golpe para tomar más pasajeros, personas de avanzada edad y enseguida los apura diciendo: “suban rápido.

Pues, así se comportan la mayoría de los choferes de autobuses, no todos, pero sí la mayoría y por lo menos conociendo México y Venezuela, ya tengo mucho de qué hablar acerca de los choferes de autobús.

Parque Central, Caracas by Félix Urbina on 500px.com

Al bajarme, voy caminando a casa y pensando lo tan parecido que se comportó ese chofer de autobús a Nicolás Maduro, y recuerdo que según Maduro fue chofer de autobús, es lógico que conduzca un país a las patadas, acelerando, frenando, mandando a subir, subiendo su tono de voz cual chofer sube el volumen de “música” del autobús.

Pues bien, así Maduro maneja Venezuela, cual chofer de autobús abusador de la autoridad de llevar el volante quizás sin una licencia para conducir, poniendo en riesgo las vidas de sus pasajeros, vejando a quien sea sin importarle la edad, torciendo el volante de manera abrupta como si cargara animales.

Pero estos choferes nunca entrarán en razón hasta cuando alguien les haga frente y los ponga en su lugar, porque su día a día siempre es igual, nadie dice nada, todos los pasajeros nos volvemos sumisos, y ellos continúan siendo déspota y le seguimos pagando el pasaje, su comida, si no reclamamos ahora estamos permitiendo que continúe su despotismo.

Al final de tanto pensar durante mi caminata a la casa, también me observo por la práctica de omisión, me observo porque pude haberle dicho algo y no lo hice, me miro porque si tengo la conciencia plena en que el chofer lo está haciendo mal es mi deber hacerlo saber, con mi convicción y seguridad en que estoy del lado correcto de la razón.