No todos son agricultores

A veces quisieras decir muchísimas cosas pero no se puede, porque ciertas cosas que dices, a manera de desahogo, pueden herir los sentimientos de otras personas. Pero vaya que muchas de las llamadas “Redes Sociales” están jugando un papel muy importante en la rutina diaria de las personas. Se han convertido en un canal de expresión en tiempo real, algo medianamente contraproducente, porque casi no se está pensando ni analizando lo que se manifiesta en ellas.

Acabo de publicar algo en Twitter que decía: Escuchar Chopin a todo volumen.

Pero puede sonar a una frase imperativa en donde le estoy ordenando a la gente que me sigue o que me lee, que escuche a Chopin obligatoriamente y a todo volumen. Quizás por el hecho de manifestar algo probablemente cultural no se vuelve viral. No muchos respondieron el llamado y no creo que todos hayan ido inmediatamente a escuchar Chopin.

Pero con seguridad se emite un mensaje en cuanto a escuchar algún “artista” de ruido que no quiero mencionar, inmediatamente la gente va desbocada la escucha, retransmite el mensaje y se vuelven locos ¿Estamos perdiendo la razón, el juicio, la sensibilidad? ¿Qué estamos perdiendo?

Si escuchasen el vals Op. 42 de Chopin y pudieran hacerlo con audífonos, ojos cerrados, relajados, abriendo los sentidos, creo que algún espíritu de alegría, libertad y esperanza encontrarían en la humanidad. Entonces, no reniego el que no me hayan considerado como buena opción escuchar Chopin a todo volumen, porque en él consigo la esperanza y en las pocas personas que sí lo hacen.

Sembrar la esperanza es trabajo de pocos, no todos nacieron para ser agricultores.

Materias de enseñanza

La religión me enseñó que no existe una religión como doctrina, sino como una forma de vida, eres religioso de lo que practicas y son muy pocos los que profesan y practican. La religión se dice y se esconde a la vez.

La ciudadanía me enseñó que no existe una sociedad como tal, sino múltiples categorías o etiquetas de grupos de personas, clubes o gremios amparados por ciertas características, incluyendo la religión.

La ética me enseñó que son tan ciegos como injustos, se permiten hacer juicios amparados por ciertas leyes que nadie practica, pero si manifiesto un criterio, se tergiversa convirtiéndose en un asunto por el cual puedo ser enjuiciado.

La ciencia me enseñó que existe una partícula llamada: la partícula de Dios. Pero para la ciencia no existe Dios, quizás lo usan como marketing para acomodar la postura de conocedores y auténticos dueños de la verdad de la vida y todo lo que la conforma.

La historia me enseñó que no se escribe con buena caligrafía, sí se tiene mucha ortografía y gramática porque ha de ser bien explícita para lograr alcanzar los objetivos de quienes quieren ganar la guerra, aunque sea en el papel, pero la caligrafía falla, casi no se entiende bien.

La música ¡Ah la música! Me enseñó que no es arte, sino el lenguaje de comunicación entre Dios y el hombre, entre los hombres que hablan diferentes idiomas. La única capaz de conciliar el agua con el fuego, la paz con la guerra y la valentía con el miedo. La música reúne todas esas materias de enseñanza, las premia y las enmienda.

Otra embestida musical

Una de las cosas que no me gusta hacer es etiquetar a las personas, pero muchas personas se ganan sus respectivas etiquetas, tal es el comportamiento de estas, que no queda más que aceptarlas como son y que por alguna razón específica que desconocemos actúan de determinada manera.

Hace poco, Nicolás Maduro, el supuesto presidente de Venezuela, usó como campaña para su Asamblea Nacional Constituyente una canción de género reguetón​​​​, una música de Luis Fonsi, hoy leo acerca de que Fonsi se molestó por el uso de su canción para una campaña que somete al pueblo venezolano, así muchos artistas estuvieron del lado de Luis Fonsi, me pareció bien la reacción de los artistas.

Pero apartando un poco el hecho del uso de la canción y la situación en Venezuela, y apartando también el hecho de la basura en que se ha convertido el gobierno venezolano y la basura en que se ha convertido el reguetón​​​​, como “género musical”, recuerdo algunas cosas.

Hace unos años expuse lo que pensaba acerca de la vertiente artística hacia una embestida musical, arruinando la música en todo lo que es y representa, ya sabía que de un momento a otro quienes representan ese que llaman género musical, tendría relevancia en algo sucio también.

Muchos artistas que decidieron llevar su talento a su expresión más mínima han debido quedarse en su trayectoria musical y no ensuciarse las manos con esta cosa que le llaman música. Aguanten los baldes de agua fría, porque quien se mete en la basura termina sucio.

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Metáfora de una canción

Cuántas canciones se hicieron con otra propuesta, con otro sentido y de repente te das cuenta que usándola de metáfora para tu realidad, la puedes aplicar a otra situación, a otra propuesta, a otro sentido. Cuando estaba pequeño, siempre fui afanado por escuchar canciones, herencia de mis padres, hasta que incursioné directamente en la música.

A medida que pasan los años, me doy cuenta que cada canción tiene una historia y una propuesta, de las que recuerdo muy a fondo es Óleo de una mujer con sombrero de Silvio Rodríguez, recientemente volví a escuchar la canción en una versión muy sutil del disco Amoríos, también de Silvio, se me ha pegado nuevamente la melodía y un tanto de la letra y se me encienden los motores del pensamiento.

Leí que él la escribió por recuerdos y observaciones de pinturas de Marc Chagall, sin embargo particularmente, la tomé como metáfora e imaginé muchas cosas, así que copiaré parte de la letra de la canción y en cada estrofa o frases, haré mi interpretación metafórica con mi situación actual:

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí
se ha perdido mi forma de amar
se ha perdido mi huella en su mar

Una mujer es mi nación, perdida, hundida en otra realidad que nunca conocí, algo que ya no es mi tierra, mi gente. Se ha perdido de mí, de mi presencia, de mi locura de amar, de la presencia de muchas personas que han partido escapando de ella. Nunca habrá un amor diferente para otras como para ella. La ausencia de mi huella en su mar, ese gran mar que la representa.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras
veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí
veo más: veo que no me halló
veo más: veo que se perdió

Veo una esperanza que vacila, que está presente, que se aleja, que duda mucho y promete dejarnos. Un ciudadano cualquiera en la noche muriendo de hambre aullando a la luna antes de dormir, casi desahuciado, pidiendo auxilio, una figura que me recuerda a mí en algún momento similar en otra situación. No halló a su “salvador” en su auxilio, se perdió. Ladró a esa figura importante que le prometió y nunca llegó.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes
los amores cobardes no llegan a amores,
o a historias, se quedan allí
ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar

Finalmente, quienes gobiernan son hombres, no son amantes de la nación. Son amores cobardes que no hacen una historia real, no llegan a nada, ni el recuerdo los quiere recordar, ni las poesías los puede rimar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj
que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción

Una mujer que en mi realidad casi no quiero nombrar, ese nombre de mi mujer de mi nación, de gente que huye como gaviota carroñera. Me sacudo el polvo de la nostalgia y continúo. Digo una grosería y apago el recuerdo. Los que dicen que aman, que la aman “de verdad”, tengan cuidado porque tengo mucho qué decir e incluso puedo cantar lo que quiero decir.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar
pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir

Una mujer con sombrero, esa Venezuela que siempre fue una dama pero maltratada, aún así, saliendo adelante superando la “valentía” de un hombre. Dibujada siempre en el recuerdo de los más grandes como en un óleo de Chagall. Hoy sumergida en un miedo absurdo, sé que no soy bueno porque la dejé atrás, casi olvidada también, quizás no debería decir nada, pero igual me pongo a llorar. Mi nación ahora llora por mí porque la abandoné y yo lloro por ver morir esa nueva realidad que la embarga.

Acá la música completa:

Diciembre venezolano

En Venezuela, diciembre es uno de los meses más alegres y emotivos del año, imagino que en cualquier parte del mundo ha de ser igual, pero como Venezuela ha sido mi cuna de nacimiento y pasé gran parte de mi vida allí, la recuerdo como la época más bonita del año en el mes de diciembre.

Ahora que se avecina dicho mes del año, y conociendo todos los conflictos que están sucediendo actualmente en Venezuela, me pregunto: ¿llegará diciembre?; llegará diciembre en ese sentido festivo, ese diciembre que disfrutamos con familia, amigos, gaitas, aguinaldos, hallacas, pan de jamón, panettone, ensalada de gallina, caldo de pollo, entre otras comidas y fraternidades que se generan por el simple hecho de manifestar unión, reconciliación, paz, armonía, belleza, entre otros sentimientos; ¿llegará ese diciembre?

Hoy, estando fuera de Venezuela, añoro mucho esta época del año, porque para mí siempre fue la época en donde cualquier gesto de amargura desaparecía en muchas personas, algunos cambiaban su estatus a nostálgico, otros tantos a un estatus alegre, otros se volvían de repente muy bondadosos, y así cada quien pasaba a un respiro de sosiego y se vivía un ambiente de realmente un nacimiento nuevo en los corazones, el espíritu de cada persona era diferente en todos los sentidos.

¡Oh Diciembre venezolano! ¡Cuánto te extraño!

Venezuela, despierta y reacciona por favor, vamos por el rescate de esas tradiciones y ese espíritu alegre, cambiemos todos, merecemos un mejor país.

Y por eso la extraño

Los recuerdos no se borran de un plumazo, debo admitir que cada recuerdo en mi memoria me transporta a un lugar, un tiempo, una razón que sin comprender sucedió y dejó una huella en mí, en alguien cercano, en muchos alrededor. Cuando entramos en esta época del año, muchos recuerdos afloran y empiezan a crear una mella en la conciencia de la felicidad, la nostalgia, la añoranza de quizás revivir aquellos tiempos, buenos tiempos que dejamos atrás y sé que no volverán.

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Por tal razón mantengo esos recuerdos, porque aunque no podré revivir el momento físicamente, mi alma se llenará de gozo produciendo un sí certero en que valió la pena haber vivido esas épocas, esos momentos. Extraño inmensamente hacer presencia en la tradición de mi país, hacer música, hacer un eslabón más de la cadena para quienes vienen detrás sostengan con su propio eslabón lo más hermoso que el ser humano puede dejar como legado en el mundo, la hermandad.

Cuando esta época entra en Venezuela, siempre se escuchan canciones que solo el diciembre venezolano conoce, porque son repertorios musicales llenos de felicidad, compasión, reflexión, balance en la situación, de esperanza y fe. Son canciones autóctonas que involucran un conocimiento universal, traducen una cultura milenaria dentro de un mundo moderno, interpretan valores sin fronteras, es una riqueza que no se consigue en cualquier lado, fue una dicha haber nacido dentro de esa riqueza y por eso la extraño.