Si no tienes visa no me visitas

Se desató el pensamiento, el pájaro quedó en el nido pero el ser humano está saliendo. Su imaginación despertó una mañana, aclaró su origen, la ruta y el destino; emprendió su camino por aire, agua y tierra. Desafió el clima, sol y tempestad. Desafió a la misma naturaleza pero a través de esta logró ganar.

Inclinó la balanza hacia el lado más positivo de la existencia sin medir consecuencias. Ahora el lado negativo está vertiendo todo encima del causante. El viaje empieza hacerse turbio y desconcertante. La imaginación se va apagando y el paradigma de la libertad en un rincón se está quedando.

El ser humano está perdiendo su naturaleza, la que le hizo soñar, salir, desafiar y volar. Se está echando encima todo su propio ego, su vanidad, sus ganas de ser libre encerrado en libertad. Suena paradójico, cuasireligioso, porque ahora no tiene vela ni santo a quien rezar.

Se divisa del mar una brisa, a lo lejos un panorama un lugar más allá, pero no incites a la vista, si no tienes visa no me visitas.

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Oportunidades para valorar

¿Hasta dónde pensaste llegar?

Particularmente no he pensado hasta dónde llegar pero muchas circunstancias durante este caminar me han permitido llegar a muchos sitios, unos no tan interesantes otros demasiado interesantes, pero cada uno con su peculiaridad. Cada lugar tiene su encanto. Aunque quizás no me refiero a lugares físicos sino a metas alcanzadas, en estas también se hallan personas que de alguna manera me han dejado un cúmulo de información y aprendizaje.

El llegar no significa terminar, sino una transición de nuevos conocimientos amalgamados a los que ya traía con la intención de seguir caminando de una mejor manera.

Mientras más herramientas acumulamos más oportunidades tenemos para arreglar cosas, trabajar problemas, reconocer fallas, canalizar ideas. Más oportunidades tenemos para valorar.

Brilla, no dejes de brillar

Irradia esa energía que llevas dentro, no dejes de brillar, siempre brilla. Ese valor intrínseco, esa hoguera en ti, ese calor llegará a donde deba llegar y alguien en algún momento lo recibirá. Recuerda, las estrellas que vemos en el firmamento quizás han dejado de existir y aún las vemos brillando.

Aunque hayas recorrido tu vida a su final, esa luz que habrás emitido de tu ser seguirá llegando a muchas personas. Si las personas que están más cerca de ti reciben esa luz ten la seguridad que inmediatamente verás cambios positivos en tu vida. La distancia es una variable que incide en qué tan rápido se producen los cambios en ti y en otras personas vinculadas a ti.

Pero sigue brillando, la naturaleza no se equivoca y tu vida no es en vano, es el camino que debes recorrer, mientras más brilles más iluminarás ese camino y si alguien quiere seguirte, irá muy bien guiado de esa luz.

Brilla, no dejes de brillar.

Esencia de nuestra existencia

Te levantas de la cama tropiezas con la sábana enredada entre tus pies, caes al suelo, vuelves a levantarte, se te enreda un poco más la sábana, el edredón y la almohada. Lo intentas nuevamente, te desenredas todo eso y te levantas, ahora sí, pies firmes sobre tierra, nada te detiene.

Vas al baño con los ojos entreabiertos y chocas con algunas paredes, la puerta del baño, la cesta para la ropa sucia. Pero aún así continúas dando pasos hasta conseguir la ducha con agua que te limpia, te despierta y de alguna manera purifica cuerpo y alma, te reconforta y estimula seguir caminando en la vida, te dice que todavía faltan rutas, trayectos y destinos.

Una vez más despierta la esperanza, renace la vida, se enciende la llama de la antorcha que llevarás al pebetero donde se quemarán las esencias de tu existencia en esta vida terrenal.

El 100 % de todo

Decir que se conoce el tanto por ciento de algo es incierto en cierto sentido. Por ejemplo, si digo: conozco un 60 % del idioma inglés. Estoy diciendo una falacia. Si no conozco el 100 % del idioma inglés ¿Cómo puedo decir que conozco un 60 % del mismo? Lo aceptable sería decir que domino un tanto por ciento de lo que he estudiado del idioma.

Así muchas veces hacemos comentarios sobre todo en el conocimiento de alguna materia o tema, y lo cierto es que nunca llegamos a conocer el tanto por ciento de algo sin siquiera saber hasta dónde podemos conocerlo. Pienso que lo que sí podemos medir en porcentaje son los avances sobre proyectos finitos, las unidades de medida, ciclos o factores que tienen un inicio y un fin conocidos, previamente estudiados.

Pero no es un tema para preocuparse. El conocimiento no tiene fin, no debemos preocuparnos por el saber el 100 % de todo, porque lo cierto es que nadie sabe cuánto conocimiento hay por descubrir en el mundo y más allá del cielo. Todos los días aprendemos algo, conocemos nuevas maneras de vivir y de vernos a nosotros mismos.

Lo importante es saber asimilar lo que aprendemos, de qué mejor manera lo usamos y compartirlo.

En la educación hay una parte de la solución

Desde pequeño siempre he sido consciente en que la educación no proviene del grado académico que alcanzamos estudiar, de hecho, una pequeña parte de nuestra educación proviene de las escuelas e institutos educativos y dentro de esa pequeña parte, quienes inciden más en nuestra educación son las personas que están a nuestro alrededor, en el día a día.

Una institución académica podrá creer tener un gran sistema educativo y tan óptimo como sea posible para llevar a cabo la formación de buenos profesionales. Pero son muchos los caracteres que se enfrentan dentro de un mismo espacio físico, son múltiples pensamientos, emociones, experiencias, vidas. Todo ese conjunto reunido en un mismo lugar es difícil moldearlo a tal punto en que todos piensen igual, cada uno vendrá con su opinión y manera de pensar diferente, todos serán maestros y alumnos del otro a su lado, incluyendo de su profesor.

La educación moderna debe mirar hacia el individuo, sus valores, sus necesidades, sus habilidades innatas. Descubrir la magia que hay dentro de cada quien, desarrollarla, realzar todo el talento, abrir los caminos necesarios para que cada quien se posicione en el lugar que le corresponde en la sociedad y de una mejor manera posible.

Es una tarea no tan sencilla, pero pienso que si familia y sociedad en general trabajan en función de rescatar esas potencialidades de quienes nos suceden, entonces en un futuro no muy lejano podremos ver resultados satisfactorios, donde cada individuo tendrá plena capacidad de percibir y sentir los valores de quienes le rodean. Después de eso, dudo mucho que habrá vejación de unos contra otros.

No tires tanto hacia el extremo

Generalmente los extremos de una cuerda son el punto más débil, si amarramos ambos lados en un asidero, puede ser que el nudo no esté bien hecho, puede ser que exista más tensión de lo que resiste la cuerda o el mismo asidero, en fin, existen muchas variables. Es cierto que toda la cuerda es vulnerable, pero en este ejemplo, donde existe el soporte de la cuerda con algo firme es en los extremos.

Así, muchas personas están unidas a una familia, una sociedad, somos un eslabón de la cadena, de manera metafórica nos tomamos de las manos y nos apoyamos en otras personas. Somos como la cuerda que extiende sus extremos para asirse. Pero si nos tiramos más de un lado que del otro, sentiremos una inmensa tensión hasta el punto de soltar la mano de las otras personas. Se rompe la cadena.

Muchas veces no consideramos el hecho de que somos importantes dentro de esta cadena de unión la cual nos parece imperceptible, pero en el momento en que tiramos y tiramos hacia un lado, cuando elegimos irnos a un extremo determinado, el único resultado será que nos soltaremos de la cadena y quedaremos a la deriva.